Empieza el día madrugando, ya que tenemos que pillar un bus tempranito para ir a Bran. Pone que el bus sale de la otra punta de la ciudad, así que con apenas un café en el cuerpo empezamos a caminar por zonas algo desoladoras de Brasov, después de unos 45 min. llegamos a una estación de buses fantasmagórica, sin ningún tipo de oficina de información, mucho menos una cafetería, así que por allí no encontramos a un solo conductor de bus, que amablemente nos dice que si, que si, que en unos 45 min. va a salir un bus hacía Bran. Esto de esperar en las estaciones de buses va a convertirse en una dinámica habitual en el viaje.
Veo que el amable conductor se dirige a algún sitio y vuelve con un café, así que propongo a Marcos ir en esa dirección y buscar un café. A la salida de la estación, nos encontramos una gasolinera en la otro amable señor nos da un café de maquina y un pan. Al oirnos hablar nos pregunta si somos italianos, a lo Marcos se le ilumina la cara y se pone a charlar muy amablemente con él en italiano. Volvemos a la estación de buses, desayunamos y empiezan a llegar algunas personas más, por lo que empeiza a parecer que estamos en el lugar correcto a pesar de lo desolación inicial.
Por fin llega el bus y en una hora de viaje estamos en Bran. Según nos bajamos empezamos a ver puestos de suvenirs, cosa que hasta ahora no nos habíamos encontrado. Sacamos los tickets y nos ponemos en una larga cola para entrar en el castillo. Hay bastante gente y eso que hemos llegado más bien prontito.

El castillo mola, pero sus estrecheces y la cantidad de gente hace que sea una experiencia que recuerda a los bancos vaticanos o a Marcos le recuerda al palacio da Pena en Portugal. Vamos en filita intentado ver cosas entre la gente. Parece que el palacio nunca ha tenido importancia estratégica y más bien tuvo funciones aduaneras y realmente solo fue habitado a principios del siglo XX cuando se convierte en la residencia favorita de la Reina María; ella lo restaurará y amueblará para que pueda ser utilizado como residencia de la familia real. Pero el interés turístico del castillo es que se supone que es el castillo de Drácula. No hay constancia de que Vlad Tepes viviera allí, tampoco hay constancia concreta de que en el libro de Bram Stoker hablé de dicho castillo-palacio, pero al situarlo cerca del Rasnov todo el mundo da por supuesto que este es el lugar en el que se inspiró para situar la residencia del vampiro.

Teniendo en cuenta todo esto, el palacio-castillo empieza contandonos la vida de la Reina Maria y su familia, pero según vamos pasando por distintas estancias va cambiando y empiezan a aparecer una serie de salas en las aparecen proyecciones en las paredes de brujas y de algunas leyendas transilvanas. Segun pasamos más salas aparecen cosas cada vez más bizarras (un ataud, un árbol genealógico de Vald Tepes, etc…) así que mi sensación es un pastiche absurdo en la que se mezclan historias reales, como la de la Reina María, con murcielagos de goma colgados con una cuerdita. La sensación es agridulce, la mezcolanza no la entiendo, el sitio mola, pero hay demasiada gente… en fin no me arrepinto de haber ido, pero tampoco fue el «top» del viaje, ni mucho menos.

Vamos bien de tiempo, así que decidimos pasar por Rasnov, pillamos un bus y allí nos dirigimos. Según llegamos pensamos que son las 12:00 horas y estamos solo con el café de la gasolinera, asi que damos prioridad a tomar un café. Según nos digimos a la fortaleza veo en una callecita a unos alegres jóvenes tomando algo en la calle. Así que le propongo a Marcos ir allí directamente. Nos encontramos en un lugar realmente sombrio, lleno de sofás con gente tomando cervezas y algo ebrios, al fondo hay una especie de barra con una mujer exuberante con unas botas de tacón que desentonan con el público del bar. Le pedimos dos cafés, los adornos del bar son flores de plástico, las mesas están cubiertas con fotos de París cubiertas por un hule transparente, los sofás de skay, los paisanos borrachos… me quedo fascinado con el lugar.

Marcos me arranca del lugar y vamos a la fortaleza a lo alto de la montaña, hay un ascensor que nos permité subir, así que lo pillamos y nos damos una vuelta por el exterior, ya que por dentro está cerrado y en reconstrucción. El origen de la fortaleza es de época Dacia y tuvo varias vidas siendo posteriormente usado por los teutones para defenderse de los turcos. Damos un buen paseo por allí y decidimos bajar caminando e intentar hacer un treking por la zona, pasamos por una valla para detener el acceso de los osos y tras llegar de nuevo al pueblo, entramos por un camino a un bosque tenebroso. Empieza a llover, pero no nos venimos abajo, nos adentramos por el camino que está algo embarrado, según vamos avanzando el barro empieza a convertirse en ciénaga y cada vez se va complicando andar, estamos más pedientes de donde poner los pies que del camino, así que al ver que el camino no mejora, decidimos dar la vuelta y volver a Brasov de día para poder verlo de día.

Son las 15:00 horas y llegamos corriendo a una parada de bus desde el que tiene que salir. Una mujer nos dice que está a punto de pasar, que ella va a Brasov, así que esperemos con ella. Media hora después estamos quedándonos helados y no pasa ningún bus. Nos inquietamos y miramos alternativas, vemos que va a salir un tren y decidimos ir a la estación de tren. Preguntamos y nos dicen que no funciona el tren que hay un autobus alternativo, buscamos el bus alternativo, preguntamos, nos dice el conductor que cuando llegue el tren, saldrá él. Así que nos quedamos esperando. Dudamos si volver a la parada de la amable señora o quedarnos. Finalmente nos quedamos. Son las 16:00 horas, empezamos a ver que no nos va a dar tiempo a hacer nada en lo que queda de tarde. Llega el tren, subimos el bus (nos advierte que es gratis) y volvemos a Brasov.

Damos la tarde por pedida, así que decidimos ir al hotel, cambiarnos de ropa, ducharnos y salir al centro para tomar una cerveza, el día anterior habíamos visto un sitio muy chulo y de comida típica para cenar, e intentar ver al menos la iglesia negra aunque sea de noche.

Vamos a la Iglesia Negra o catedral de Santa María es un templo sajón de estilo gótico (el más importante de la región), fue quemada en 1689 por los austriacos, lo que le confirió su aspecto negrezco que le dió el nombre por el que es popularmente conocida. Una pena que al ser tarde no podamos visitarla por dentro. Como no hay nada que hacer y quiero hacer algo de tiempo antes de ponernos a tomar cervezas, me meto en una tienda de suvenirs y pillo un par de cosas para Vir. Caminamos por calles comerciales de Brasov, que tiene pinta de ser una ciudad muy bonita, pero de noche se aprecia poco. Por fin vamos a un bar, nos pedimos unas IPAs artesanas, están buenisimas y nos achispamos enseguida. Nos vamos de allí antes de que nos sea imposible hacerlo por nuestro propio pie. Nos vamos a cenar al sitio títpico, está practicamente vacio. Yo aprovecho para pedir mamalinga y probarla, Marcos una sopa de «cosas».

Tomamos una decisión importante, ir al castillo de Hudedora, lo que nos condiciona el resto del viaje, ya que el recorrido cambia a lo inicialmente planteado al día siguiente vamos a Sibiu, dormiremos en Deva, de allí visitaremos Hudedora y pasaremos a Alba Iulia que nos viene muy bien para ir en tren posteriormente a Sighișoara y de allí a Cluj-Napoca.




