Sibiu

Rumanía – Día 4 (Sibiu – Deva)

Empezamos el día madrugando, nos levantamos a las 6:00 para pillar un tren a las 7:00 que tarda unas tres horas a Sibiu, llegamos al anden y vemos un tren que no es el nuestro, una revisora nos dice que es el siguiente tren, así que nos quedamos esperando; la hora se aproxima y nos impacientamos, resulta que el siguiente tren, no era el próximo en llegar, sino el que estaba más alante en el andén. Llegaremos a las 10:00 y nos dará tiempo a echar la mañana. Aprovechamos el recorrido para echar una cabezadita y ver que cosas nos depara el próximo destino.

Sibiu
Sibiu

Llegamos a Sibiu, conocida como la «ciudad de los ojos», sus casas tienen pequeñas ventanas en los tejados que sirven de ventilación de los desvanes, dichas ventanas hacen que los tejados formen una pequeña honda que de la sensación de ser ojos que te observan, de hecho hay una leyenda que dice que se hicieron durante la ocupación alemana de la ciudad para que los habitantes se sintieran observados en todos sus movimientos; aunque esta versión es poco creible, lo cierto es que te sientes «muy observado» mientras se pasea por la ciudad.

Vamos a un sitio «cuqui» donde tomar un riquísimo café, de hecho me llama la atención el buen café que tienen en toda Rumanía. Allí ahí una joven instagramer haciendo todo tipo de posados delante de su móvil, libro de lectura, café y morritos desde arriba, otra con morritos y detalles navideños en la ventana, etc… al menos realiza siete u ocho posados en el rato que Marcos y yo tomamos nuestro café.

Nos dirigimos al centro, entramos por la Piata Mare (plaza del mercado) donde nos recibe la Turnul Stafului (Torre del Consejo), decidimos subir lo primero a dicha torre (nos cuesta como unos 0,50€), desde arriba la vista es increible tanto de la Piata Mara como de la Piata Mica, aunque cada planta de la torre está adornada con una exposición de pintura local, totalmente prescindible.

Plaza pequeña, Sibiu
Plaza pequeña, Sibiu

Bajamos recorremos la piata Mare, llena de puestos navideños, y vemos los disntintos palación que rodean la plaza a cada uno más llamativo que el anterior. Hay que tener en cuenta que Sibiu fue un importante enclave transilvano desde el s. XII y que estuvo dominado por los sajones, lo que hace que muchos de los nombres (de las casas) y de los letreros recuerden al aleman. Entramos en la Catedral Católica de la Santísima Trinidad, barroca (discutimos Marcos y yo de lo poco que nos gusta el barroco sacro) y posteriormente hablamos del significado que tiene un gran tablón que hay en una esquina con unos números, yo aventuro a pensar que son los números de la lotería, pero Marcos decide buscar su significado en google para sacarme de mi error.

Pasamos a la piata Mica, mucho más bonita que la piata Mare (quizás por que está no esté llena de puestos), pasamos por el puente de las mentiras (quiero ver si tiene candaditos de amor allí colocados), leemos las distintas hipótesis de su nombre:

Muchos dicen que, como el puente no tenía columnas, se derrumbaría. Por ello, era “un puente de mentira”. Pero otros, cuentan que si se le miente a la amada, al pasar por el puente, éste se caerá; o que si un mercader vende menor cantidad o calidad de un producto, el puente y él terminarán por los suelos al atravesarlo.

Pasamos por la catedral luterana de Santa María, por el pasaje de las escaleras y la piata Huet. Decidimos ir a ver las fortificaciones que se dividian por gremios y para ello recorremos la gran arteria de Sibiu la calle Nicolae Balcescu, llegamos a la catedral ortodoxa de la Santísima Trinidad y ya de ahí nos dirigimos a la strada Cetatii en las encontramos tres torres defensivas y un foso que sirve de separación del casco histórico de Sibiu de la parte más moderna. Recorremos las torres, pasamos por el foso.

Sibiu
Sibiu

Llevamos toda la mañana dando vueltas y disfrutando mucho de la visita, quizás como ciudad de las más bonitas del viaje (sino la más). Pensamos que hacer, nuestro objetivo es ir a Deva a dormir y de allí ir al día siguiente a Hudedora, son como las 13:00 horas, así que decimos ir para allá, pillando un bus a las 14:00 y que así nos de tiempo a ver algo de Deva de día.

Vamos a la estación, el bus que supuestamente tenía que salir a las 14:00 no existe, preguntamos a un amable señor que hay en la puerta, nos asegura que sale de la dársena 10, así que allí nos plantamos, pasada 1/2 hora y sin aparecer ningún bus, nos sentimos «engañaos», en los paneles informativos de la época de Ceaușescu, pone que solo hay uno a las 16:00. Pero en los horarios de internet, pone que el siguiente saldrá a las 15:30, así que vamos a tomar un café al sitio «cuqui» y hacemos algo de tiempo mientras esperamos el siguiente bus. Volvemos a las 15:00 o 15:15 a la estación, preguntamos por los buses a Deva, nadie sabe nada. Finalmente Marcos localiza a una entrañable anciana lugareña que dice que ella va a Deva, así que mientras damos vueltas intentando localizar un bus que nos lleve, no perdemos ojo a la entrañable anciana. 15:30 no hay señal de ningún bus. Finalmente son las 16:00 y la entrañable anciana se dirige al bus, así que Marcos y yo nos damos prisa y nos pillamos un asienta en dicho bus (microbus en este caso). El bus viene de otro destino, hay gente que se baja, unos porque llegan a su destino, otros para hacer un descando. Marcos y yo ya estamos sentados y decidimos no movernos de allí bajo ningún concepto. Media hora más tarde salimos rumbo a Deva, el viaje no se exactamente cuanto dura yo creo que unas tres horas, el bus es enano y Marcos y yo vemos sentados juntos, bastante incomodos, hace un par de paradas en el camino, por fin llegamos a Deva.

Contentos y felices en el bus que nos llevará a Deva
Contentos y felices en el bus que nos llevará a Deva

Decidimos ir directamente al hotel, ya hemos echado otra tarde en la estación de bus y en el bus, así que dejamos las cosas y nos vamos a cenar. En el hotel una habitación con baño para nosotros solitos estamos de lujo, nos pimplamos unos Ursus antes de ir cenar y descansar. Un recepcionista de lo más particular no espera en una gran comedor en el que está solamente él. Nos atiende de mil amores, nos dice que tenemos una ketel para calentar agua, hacernos infusiones, etc…, que al día siguiente aunque dejamos la habitación podemos dejar las maletas ahí mismo (en la recepción) y que cuando vovlemos tenemos un baño ahí mismo o que podemos tomar algo si no apatece, un señor realmente amable.

Cuatro Ursus Black
Cuatro Ursus Black

Buscamos un sitio para cenar, no hay mucho donde escoger, vamos a un hotel con un resturante grande, hay dos tipos tomandose unas cervezas y nosotros. Yo en esta ocasión veo que tienen tortilla francesa, así que tomo eso con cartofi (por supuesto). Nos tomamos una cervezas Ursus Black (muy buenas). Y nos vemos a decansar para ir al día siguiente a Hudedora y ver el castillo de Corvin.

Decidimos no volver a fiarnos de los buses y los trayectos largos mirar solo trenes que parecen mucho más fiables.

Sibiu
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