Los actores quinquis
José Luis Manzano, muerto a los 29. José Luis Fernández Eguia, “Pirri” muerto a los 23. Lali Espinet, para la pantalla “Andrea Albani”, muerta a los 34. Ángel Fernández Franco, “el Torete” muerto a los 31 años, Basilio Fernández Franco, “el Cornetilla” muerto a los 32 años. Sonia Martínez, muerta a los 30. José Antonio Valdelomar, muerto a los 34 años. Jesús Arias, muerto a los 31 años.
Una de las grandes características para definir el cine quinqui como tal, es que los actores se interpretan a sí mismos. Es decir, los actores son chavales salidos de los mismos barrios marginales que se representan, y que en lugar de actuar reinterpretan su vida. «… los quinquis llamaban la atención del espectador precisamente en el hecho de ser actores no-profesionales, desprovistos de carisma profesional y del aura de legitimidad» (Florido Berrocal, et al. 81).
1. Los quinquis se hacen actores:
José Luis Manzano, para Eloy de la Iglesia y Ángel Fernández Franco alias “el Trompeta”, “el Trompetilla” o “el Torete”, para Antonio de la Loma, son sus grandes musas. Ambos actores apenas sabían leer o lo hacían mal, lo que impidió que pudieran memorizar los guiones, así que les explicaban las escenas y se expresaban de forma natural, como ellos lo hacían siempre. Por otro lado, al ser sacados de espacios marginales, era habitual que cometerían las mismas fechorías, de las que luego eran protagonistas en sus películas: robos, problemas de drogas, etapas en la cárcel, etc.
José Luis Manzano fue un joven actor descubierto por Eloy de la Iglesia. Interpretó las películas más importantes de dicho director.
Cuando Eloy de la Iglesia y el guionista Gonzalo Goicoechea, estaban preparando el rodaje de Navajeros, recurrieron a buscar chavales en las barriadas más populares de Madrid. En la UVA de Vallecas, el director encontró a Manzano, un joven sin estudios que se buscaba la vida, como otros tantos chavales del barrio.
Con él realizó todas sus películas consideradas dentro del género quinqui (Navajeros, Colegas, El pico, El pico 2 y La estanquera de Vallecas). Pero la relación con el director le impidió realizar otros proyectos que le hubieran podido dar mayor proyección. Solo tiene dos pequeñas colaboraciones con otros directores: Barcelona Sur, y la serie de televisión Los pazos de Ulloa (Suárez, 1985).
Tras romper su relación con Eloy de la Iglesia, no encuentra otras opciones cinematográficas, entre otros motivos por su adicción a la heroína. Finalmente es encarcelado tras ser acusado de atracar a un hombre en plena Gran Vía madrileña. En Carabanchel se refugia aún más en las drogas. Tras salir de la cárcel intenta rehabilitarse en un centro de desintoxicación, pero tras abandonar el centro voluntariamente su cuerpo apareció sin vida, la tarde del día siguiente, el 20 de febrero de 1992, con síntomas de sobredosis.
Cuando José Antonio de la Loma estaba preparando la película Perros callejeros, conoció al Vaquilla, con el cual se estuvo documentando, pero cuando llegó la hora del rodaje el joven delincuente estaba cumpliendo condena, así que localizaron a uno de sus amigos para que fuera su alter ego en la pantalla. Éste era ni más ni menos que Ángel Fernández Franco “el Trompeta” o “el Trompetilla”, el cual empezó a interpretar sus películas con el alias por el que luego sería conocido “el Torete”.
Con él realizó la trilogía de Perros callejeros, Perros callejeros II: Busca y captura y Los últimos golpes de “El Torete”, aunque también tuvo un cameo en la película Yo “el Vaquilla”, en el que interpreta al abogado de este.
Tras la tercera película de la trilogía en 1980 es condenado a catorce años de cárcel, pero vuelve a ser detenido en 1987, según la crónica de El país con fecha 1 de febrero de 1987, por tráfico de drogas mientras se encuentra en tercer grado. Finalmente murió de SIDA el 25 de febrero de 1991, habiendo rehecho su vida junto con su mujer Soledad García y con trabajo respetable de transportista.
El Pirri fue descubierto por Gonzalo Goicoechea, guionista habitual de Eloy de la Iglesia, cuando buscaban protagonistas para Navajeros y fue el que mayor proyección cinematográfica y televisiva tuvo de la hornada de jóvenes que salieron de los suburbios para realizar dichas películas.
Su naturalidad, su jerga y su tono de voz un tanto gangoso, le hacen destacar haciendo colaboraciones fijas con Eloy de Iglesia, además de Navajeros participará en La mujer del ministro, Colegas y el Pico 2, realizando un cameo en La estanquera de Vallecas.
Además interviene en otras producciones como Maravillas, De tripas corazón (Sánchez Valdés, 1985), Sé infiel y no mires con quién (Trueba, 1985) o El juego más divertido (Martínez-Lázaro, 1988) e incluso llegó a tener una breve aparición en La venganza (Frears, 1984). Fue detenido en 1987 tras atracar a un pasajero en el metro y pasó por la prisión de Carabanchel. En 1988 colaboró con Fernando García Tola en el programa de TVE1 Querido pirulí realizando críticas de cine y en el programa de la SER Toladiario. Finalmente ese mismo año aparece muerto de sobredosis en el barrio de San Blas (García Santa Cecilia, Párr. 1).
José Antonio Valdelomar nació en Ciudad Real, pero se crió en el madrileño barrio de Villaverde Alto cuando fue descubierto por Carlos Saura para su película Deprisa, deprisa, la única que interpretó. De hecho después de su paso por el Festival de Berlín, fue detenido tras el asalto a un banco en la calle Ríos Rosas y cumplió veinte meses de condena.
Tras seguir su vida delictiva y constantes salidas y entradas de la cárcel, fallece como consecuencia de una sobredosis de heroína en 1992 (Fernández Santos, Párr. 1).
Otro de los actores reclutados por Carlos Saura para protagonizar Deprisa, deprisa es Jesús Arias. Antes del estreno, como su compañero de rodaje José Antonio Valdelomar, es detenido y llevado a Carabanchel (García, Javier. Párr 1).
Tras entradas y salidas de la cárcel, en 1987 participa en el rodaje de El bosque animado (Cuerda, 1987). Fallece en 1992, en el País Vasco.
Así como en el flamenco nos encontramos los denominados cantes de ida y vuelta, en el cine quinqui nos encontramos artistas que terminaron haciendo el camino inverso. Actores, presentadores o cantantes, de clase media o alta, enganchados a la heroína y con problemas de tráfico de estupefacientes. Estos nombres propios son: Antonio Flores, Sonia Martínez, Lali Espinet o Enrique San Francisco.
Antonio Flores triunfó en la música desde muy joven con estilo propio alejado del de su madre Lola Flores, quizás la folclórica más exitosa de España. Amigo personal de Eloy de la Iglesia (en el documental Quinqui Stars, Enrique San Francisco desvela cómo era el propio Antonio el que le recomendaba que música poner en sus películas), participó junto a su hermana Rosario en la película Colegas. Así que, a principio de los ochenta, tenemos a un joven Antonio Flores triunfando en la música y en el cine e hijo de famosa. Pero, en compañía de su amigo Enrique San Francisco, cayó en la droga. Mientras Enrique consiguió salir gracias a su madre, que le internó en un centro de desintoxicación, Antonio recayó una y otra vez, hasta que tras la muerte de su madre, la cual no pudo soportar, sufrió una sobredosis quince días después en el año 1995, a la edad de 33 años.
Otro caso similar sería el de Sonia Martínez, presentadora infantil en programas de máxima audiencia en las mañanas de los sábados de TVE. Muy aficionada al deporte y de clase acomodada, participó en la película Perras callejeras. Sonia era un personaje popular y frecuentaba los lugares de moda en la época de la Movida, amiga por ejemplo, de José María Cano (integrante del grupo Mecano); pero la vida nocturna no fue su desgracia. Unas fotos robadas fueron publicadas en Interviú, lo que produjo un escándalo a nivel nacional y el cese del programa que estaba haciendo en ese momento, y la repentina muerte de su madre hizo que cayera en una depresión, que a su vez, le hizo caer en el mundo de la heroína. En sus últimos años de vida, enganchada a la droga y portadora del SIDA, (fue incluso detenida por ir a comprar droga con su hija de meses en brazos); recorre varios platós de la televisión más sensacionalista, relatando su caída a los infiernos. Finalmente murió en la clínica de la Concepción en 1994.
Lali Espinet era actriz, trabajó con el seudónimo de Andrea Albani en varias películas del cine de destape, siendo dirigida por Ignacio F. Iquino o Alfonso Bálcazar.
Con su verdadero nombre intentó tener una carrera de actriz “seria” participando entre otras en las películas El pico y El Pico 2. Se enganchó a la heroína antes de rodar dichas películas. Es detenida en 1985 por tráfico de heroína, tras su paso por la cárcel y enganchada no consiguió volver a trabajar en el cine y finalmente murió de SIDA en 1994.
Bibliografía:
Fernando-Santos, Elsa. “Muere de sobredosis en el hospital penitenciario de Carabanchel.” El País. 4 dic. 1992. Cultura. Impreso.
Florido Berrocal, J; et al, ed. Fuera de la ley. Asedios al fenómeno quinqui en la transición española. Granada: Editorial Comares S.L., 2015. Impreso.
García Santa Cecilia, Carlos. “‘El Pirri” aparece muerto por sobredosis en Vicálvaro”. El País. 10 may. 1988. Cultura. Impreso.