Caño Roto - Carabanchel

El cine quinqui – Una visión estética del antihéroe VII

El descampado y el barrio 

La Mina en Barcelona y la UVA del Pan Bendito en Madrid son dos escenarios  emblemáticos del cine quinqui que nos hablan de urbanismo precipitado e inexistente,  necesario para dar cabida a una población de aluvión que abandona sus poblaciones  rurales de origen en la década de los cincuenta y sesenta para servir de mano de obra  no cualificada al incipiente desarrollismo, cuando no se trata de intentar dignificar  asentamientos chabolistas de etnias tradicionalmente nómadas como los gitanos o los  mercheros. Los barrios se convierten así en guetos inexpugnables, regidos, en muchas  ocasiones, por sus propias leyes. «Basado también en las corrientes urbanísticas de Le  Corbusier, se construye un barrio en el que dominan los grandes bloques lineales que  darán lugar a un fuerte rechazo por su urbanismo ‘alienante y deshumanizador’, según  sus críticos.» (Olaiz, 129). 

En la película Navajeros, encontramos que el lugar de reunión del Jaro y sus amigos es un  descampado con vistas al cementerio de La Almudena, colindante con los barrios de La Elipa,  San Blas, Vicalvaro, Moratalaz, donde se desarrollaron todos estos planes urbanísticos. Allí,  los amigos se reúnen, hacen planes, beben, se drogan o bailan. 

Así podemos establecer cierto paralelismo entre dos formas estéticas esenciales como  son los tipos de jardines ilustrados (franceses e ingleses). El jardín francés, ordenado,  simétrico y centralista que simbolizaba el mandato supremo del rey, impuesto por  orden de Dios, que se ejemplariza en los ampliaciones de los “centros” de las grandes  ciudades (Eixample de Barcelona o Nuevos Ministerios en Madrid), y el jardín inglés,  boscoso, caótico y con un “orden” natural que se ejemplifica con una naciente burguesía  financiera e industrial inglesa y que vendría simbolizada por el barraquismo vertical,  que creció en las periferias. Dicha contraposición ejerce sobre sus habitantes distintos  modos de relación, con sus inevitables consecuencias sociales y políticas. 

Este nuevo modelo de ciudadano, en su tipicidad concreta, encontrará una cifra de sus  ideales y su modo de vida en los nuevos jardines [barrios] diseñados para permitir que  las diversas especies y elementos puedan crecer y dar de sí según su propia naturaleza.  (Claramonte, La república de los fines. Contribución a una crítica de la autonomía del  arte y la sensibilidad, 68).

Gilles Clément en su Manifiesto del Tercer paisaje, nos habla de esos territorios que  nadie tiene en cuenta, solares abandonados, cunetas, esos lugares residuales que forman  parte de los espacios. De esta manera, estos nuevos barrios, este barraquismo vertical  acompañado de sus grandes descampados, podríamos definirlos como los espacios  residuales de la ciudad, es decir, espacios abandonados. 

Estos nuevos paisajes «solo tienen una cosa en común: todos ellos constituyen un  territorio de refugio para la biodiversidad. En todas las demás partes ha sido expulsada»  (Clément, 10). La clase campesina recién llegada a las ciudades, expulsada del campo,  constituyen unos nuevos territorios, formados por escombros sociales, por residuos que  no caben en una nueva sociedad. «Los residuos del corazón de la ciudad son pequeños  y escasos, mientras que en la periferia son grandes y numerosos» (12). 

El joven quinqui, desacoplado, adquiere rápidamente nuevas disposiciones, para crear  los nuevos modos de relación que le permitan integrarse en dicho paisaje. «Un residuo  joven acoge rápidamente a especies pioneras que pronto desaparecerán en provecho de  otras especies cada vez más estables, hasta que se alcanza un equilibrio» (18), es decir,  hasta que se produzca un nuevo acoplamiento. 

El descampado es un terreno desahuciado como el propio quinqui, allí se sentirá libre e  identificado con el lugar y será donde pase su tiempo de ocio, compartiendo la situación  de abandono y de deshecho. 

El descampado, situado frente a los bloques de viviendas homologables al fenómeno  de chabolismo vertical, es un espacio de tránsito entre lo urbano y lo rural, un terreno  desterritorializado en el que las estructuras normativas no operan…. Los descampados  son también espacios de sociabilidad en los que no es necesario el consumo, son los  espacios para una juventud sin recursos, la antítesis de los recreativos, bailes o discotecas. (Castelló, 119). 

Como dice Jordi Claramonte hablando del paisaje «un reajuste de fronteras que definían  su pueblo y su vida … han convertido en zonas de transición, donde se encabalgan y entran  en contacto —acaso conflicto– diferentes modos de producción, diferentes conjuntos de  modos de relación.» (Claramonte, Desacoplados. Estética y política del western, 19).

En Deprisa, deprisa vemos como el descampado es donde Ángela aprende a disparar,  esta nueva disposición, llevará a los protagonista a un trágico desenlace. Desde  el descampado ven la ciudad, ven su barrio y se imaginan cómo será la vida de los  conductores, que les depara la vida al llegar a sus casas; pero ellos viven deprisa, sin  obligaciones, así que Pablo decide ir a ver el mar. 

Jamás el tardofranquismo pensó en dar tal autonomía a dichos individuos, más bien su  pretensión parecía la contraría, pero se hizo inevitable que ante este nuevo paisaje, los  recién llegados a las ciudades, desacoplados no aprovecharán su nueva autonomía para  disponer de ella como mejor creyeran o supieran. 

Podría afirmarse que este tipo de operaciones urbanísticas, por omisión, el descampado  se constituyó en sustituto de la plaza pública como núcleo principal, espacio único en  realidad, donde poder llevar a cabo las relaciones entre los vecinos, con los problemas  sociales que de ello derivó (Olaiz, 124). 

En Colegas, la película empieza mostrando un descampado en el que los niños juegan  al fútbol, mientras se va acercando a un edificio de bloques aledaña a la M-30. Allí un  chico se va quitando la ropa para enseñar sus tatuajes, de pronto llega la policía, y los  chicos deciden marcharse. Antonio y José se van a comer a casa sus padres mientras en  el periódico buscan un trabajo, que no encontrarán. 

Por un lado, el descampado es un lugar “desterritorializado” en el que las estructuras  normativas no operan, y por tanto, donde el quinqui se siente libre, consume alcohol y  drogas, escucha música o mantiene relaciones sexuales, y sin embargo, constituye también  el lugar que mejor ilustra su situación de abandono y desprotección, el vacío dejado por  un Estado desaparecido como agente del cuidado de la vida. (Florido Berrocal, et al. 100). 

Mientras los jóvenes burgueses van al Rock-Ola en Madrid o al Zeleste en Barcelona  o bien pasan los domingos en el Rastro, o simplemente en un parque o yendo al cine  a ver las películas de Almodóvar. Los jóvenes quinquis, se conforman en ver pasar los  coches o los trenes, como en Navajeros o en Deprisa, deprisa e imaginarse cómo será  la vida de la que hablan en la televisión.

Bibliografía:

Castelló Segarra, Jorge. “Cine Quinqui. La pobreza como espectáculo de masas”. Filmhistoria Vol. 28. 2018: 113-128. Online.

Claramonte, Jordi. Desacoplados. Estética y política del western. Madrid: Papel de fumar ediciones,  2011. Impreso.

Florido Berrocal, J; et al, ed. Fuera de la ley. Asedios al fenómeno quinqui en la transición española.  Granada: Editorial Comares S.L., 2015. Impreso.

Olaiz, Alvaro E. “Cine Quinqui, injusticia y ciudad”. Semiosfera. Segunda época. Nº4. Junio 2016:  120-133. Impreso.

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