Sighișoara

Rumanía – Día 6 (Sighișoara – Cluj-Napoca)

Para no tener que madrugar tanto pillamos el hotel junto a la estación de tren, así que en está ocasión podemos tomarnos las cosas con un pelín más de relax. Lo único malo es que no tenemos donde tomar café (yo pillo uno de maquina en la propia estación) y salimos hacía Sighișoara. La idea es pasar la mañana allí, luego ir directos a Cluj-Napoca y pillar un coche para movernos el día y medio restante por la zona.

Llegamos a Sighișoara, buscamos un sitio donde tomar un café «de verdad» pero nada más llegar nos topamos con un cursioso cementerio ruso de soldados de la segunda guerra mundial. Le comento a Marcos el otro curioso cementerio alemán que hay cerca del monasterio de Yuste (de soldados alemanes que vinieron a luchar a la Guerra Civil).

Cementerio ruso en Sighișoara
Cementerio ruso en Sighișoara

Sighișoara es una ciudad medival realmente bonita, al menos el centro de la ciudad. Empezamos a subir por una cuesta y llegamos a Torre del Reloj, una de las torres defensivas que hay en parte amurallada del ciudad. Aunque la torre es del siglo XIII, el reloj data del siglo XVII con figuritas que se mueven cuando dan las horas, pero no coindidimos en verlo funcionar. Se puede subir a la torre, en la que su interior hay un museo, pero finalmente no lo hacemos por falta de tiempo.

Ahí mismo está la Piata Cetatii, centro de la ciudadela, las casas son todas bonitas, el suelo empedrado, muy cuidado todo que hace que aunque no haya nada especialmente destacable la hace preciosa. En una esquina vemos un restaurante con una placa que pone que es la casa natal de Vlad Tepes.

Sighișoara. Casa donde nació Vlad Tepes
Sighișoara. Casa donde nació Vlad Tepes

De allí nos dirigimos a la Calle Escolar (Scara Şcolarilor), una calle que asciende a la escuela que está en la colina, parece que de origen evangélico, es una curiosa calle escalonada y cubierta. En dicha colina nos encontramos además de la escuela y un seminario, una iglesia (evangelica también) y un cementerio al que no nos resistimos a entrar y dar un pequeño paseo por él, recuerdo que desde bien jóvenes Marcos y yo tenemos gran fascinación los cementerios de los lugares que visitamos.

Vlad Tepes. Sighișoara
Vlad Tepes. Sighișoara

Decidimos seguir dando un paseo por la ciudad, vemos las murallas, los distintos turnuls (torres defensivas que al igual que en Sibiu estaba separada por gremios). Las calles son todas empedradas, las casas todas antiguas cada una pintada de un color, llegamos a un mirador o plaza con un busto de Vlad Tepes, nos sobra algo de tiempo hasta la salida del tren a Cluj-Napoca, así que decidimos dar un pequeño rodeo por la ciudad moderna y comprar algo de comida para el tren. Marcos se aficionado a un pequeño queso, que se lo toma a bocados con un poco de pan, y yo suelo pillar una bolsa de patatas fritas, a veces palomitas, pan, panchitos, etc…

Recorremos las calles, vemos a chavales salir del cole, nos cruzamos con algunos zingaros (a penas los hemos visto en este viaje) y llegados a la estación, recogemos las maletas que las habiamos dejado en la consigna de la estación y pillamos el tren para Cluj-Napoca. No esperan cuatro horas de tren.

Sighișoara
Sighișoara

El paisaje hace el viaje muy ameno, sobre todo el último tramo en que accedemos a una zona montañosa, árida, sin poblaciones, Marcos y yo nos imaginamos lo que puede ser vivir en esas condiciones de frío y desolación, nos encontramos de forma salteada algún pastor con su rebaño de ovejas, labradores en sus carromatos y en general un paisaje que recuerda algunas zonas internas de bierzo o de tierras sorianas. Viendo el paisaje nos da pena no explorar esa zona, donde imaginamos si habra zingaros, de echo en alguna de las pocas poblaciones veo desde el tren unos edificios curiosos, que más tarde leo que son «palacios zingaros».

Llegamos Cluj y vamos lo primero de todo a por el coche que hemos reservado a través de Booking, pero como ya me pasó en el viaje anterior a Italia (en Pisa) resulta que lo barato sale caro, el alquiler del coche cuesta 5€, el seguro 40€; pero cuando llegamos al aeropuerto no vemos la agencia, Marcos llama, nos viene a recoger un chaval, nos lleva a un lugar que está a un kilómetro, en una caseta con un descampado, no dice que el seguro contratado no vale, que tenemos que pillar el suyo que son 80€ (más). Tras pensar en que hacer o no, Marcos decide no aceptar el coche y pasar el día tranquilamente en Cluj. Yo me bajoneo un poco, por el deja vu.

Torre de los zapateros en Sighișoara
Torre de los zapateros en Sighișoara

Bueno, decidimos reclamar en a la compañía, explicando el posible timo. Mientras vamos en un bus hacía el hotel. Dejamos las maletas y nos disponemos a dar un pequeño paseo, pillar unas birras para tomar en el apartamento (esta vez hemos tirado la casa por la ventana), vamos a cenar a un sitio típico, con muy buena pinta para que Marcos pruebe los rollitos de carne envuelta en hoja de repollo (sarmale) y yo veo que hay una ensalada de tomate y unas patatas, nos invitan a un chupito de orujo (palinka ), muy rico. Después de cenar damos un pequeño paseo y nos metemos en un bar curioso de estética comunista-pop.

Comunismo-pop
Comunismo-pop

Volvemos al apartamento y nos tomamos una cerveza más de buenas noches, que al día siguiente sin coche vamos a patearnos toda la ciudad. Quizás se quede corta para el ritmo que llevamos, pero planteamos varias posibilidades, ya que tenemos tiempo, barajamos la posibilidad de ver fábricas abandonadas de la época sovietica o hacer un recorrido de edificios funcionales de dicha época, también hay varios museos que tienen buena pinta. Mañana sobre la marcha decidiremos y nos dejaremos sorprender.

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