Antecedentes y consecuentes:
Si volvemos por un momento la mirada hacia atrás podemos encontrar antecedentes al filón quinqui que quizás pueden ser interesantes de analizar. Aparte de la ya nombrada Los golfos, ese mismo año se estreno Los chicos (Ferreri, 1959), en la que nos muestra una juventud ya desencantada a finales de los años cincuenta y sin un futuro claro. Una de las cosas interesantes de esta película es que sus actores protagonistas, como en el cine quinqui, no eran profesionales, sino jóvenes sacados de los barrios, que se interpretaban a sí mismos. Los atracadores nos cuenta las pericias de tres amigos “rebeldes sin causa” que deciden perpetrar atracos buscando emociones o una salida a sus anodinas vidas. Quizás más cercana sea La Corea (Olea, 1976), donde un joven llegado del pueblo se integra en una banda de prostitución juvenil. En Juventud drogada (Truchado, 1977) o en Climax (amenaza en las aulas) (Lara Polop, 1977) vemos de primera mano el efecto de las drogas sobre los jóvenes españoles y sus nefastas consecuencias. Chely (Fernández, 1977), nos cuenta como unos jóvenes despreocupados y solo pensando en divertirse cometen todo tipo de fechorías.
Con distinta suerte y calidad en su producción y realización, esta media docena de películas pueden servir de caldo de cultivo para un género que con el tiempo tendría un nombre propio en el cine patrio.
De igual manera, aunque el filón parece agotarse en 1987 con La estanquera de Vallecas, ha habido constantes reminiscencias y revisiones siempre adaptadas al momento concreto histórico en el que se desarrollan. Barrio (León de Aranoa, 1998); 7 vírgenes (Rodríguez, 2005); Volando voy (Albaladejo, 2006); A cambio de nada (Guzmán 2015); Criando ratas (Salado, 2016); o el documental Quinqui Stars (Córdoba, 2018).